lunes, junio 30, 2003  

Me lanzo avisos, amenazas. Se los lanzo a mi memoria, a mi recuerdo cuando me recuerde. No me fío de su benevolencia, ni siquiera de su ecuanimidad. Por eso me empleo en acompañar cada acto de un aparato crítico, envolver en un pedazo de contexto un puñado de alternativas y sus evaluaciones, de riesgos asumidos. Para que sepa que las barajé y los sopesé. Pero reconozco que, asimismo, me lanzo avisos, amenazas.

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sábado, junio 28, 2003  

Muy a menudo me vuelvo hermeneuta
interpreto ecos de palabras no dichas
decido erróneas las aún no pensadas
y a las incluso escritas cambio significados.
Qué don, no ser tenido en cuenta, que el verbo fluya inocuo, vasectomizado y no agarre en las almácigas de la atención. No obstante, si mides

el obstáculo que hay que poner a esta fuerza,
el peso del peso que hay que poner sobre la lengua
y el esfuerzo del freno de tu voluntad,
                conocerás cordura y poder
                y callarte será más bello
que el ejército de ratones y los arroyos de perlas
de que pródiga es la boca de los hombres.

(Paul Valéry)

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jueves, junio 26, 2003  

No recuerdo una sucesión de impresiones semejante, en la domesticación de un libro (desde que se tiene noticia suya, tal vez por algún intrépido explorador al regresar de la espesura, hasta que se ha «puesto en familia», estabulado acaso junto a otras reses). Conocer el título, la portada, contemplar la serie de fotos que lo encabezan, empezar a leer el prólogo y las primeras notas... no ha sido ir profundizando en él, sino ir contrariando cada predicción apenas tenida sobre el conjunto. No es lo que parece... dos, tres, cuatro veces deja de serlo. Y queda todo por leer.

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martes, junio 24, 2003  

«Noche. Verbena de San Juan.
He salido tarde de casa. Todo se ha quemado ya. En el aire flota un olor de corcho quemado ya frío. La gente lleva a la cama a los niños. Aún se ve a alguno con un dedo de tizne en la frente o en la cara, que quiere saltar sobre los fuegos extinguidos. (...) En las puertas de las casas, inmóvil, la gente toma el fresco, sentada y silenciosa, como si las llamas se hubiesen llevado los pálpitos de las vidas y no hubiesen quedado más que figuras de cera.» (Josep Pla)

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lunes, junio 23, 2003  

...Well this side of Paradise!...
There’s little comfort in the wise.

(Rupert Brooke)

«Un espíritu culto como ése no tiene verdaderamente ningún atractivo para mí. Le admiro, sé apreciar todos les soins et les peines que han servido para producirle, pero me deja fría. Al fin y al cabo, la aventura ha terminado. Ahora ya no hay más que cortar, podar, atar las ramas, trabajos esos todos un poco deprimentes. No, no, la inteligencia que me gusta tiene que tener sitios salvajes, un huerto enmarañado, en que las ciruelas oscuras caen encima de la hierba tupida, un bosquecillo abandonado, la probabilidad de encontrar una o dos serpientes (serpientes verdaderas), un pozo del que aún nadie ha explorado el fondo y senderos llenos de florecillas plantadas por el espíritu. Ha de tener además rincones donde poderse esconder de veras, no escondites artificiales, no cenadores y laberintos. Aún no he encontrado una mente culta que no tenga su glorieta. Yo detesto y aborrezco las glorietas.» (K. Mansfield)

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domingo, junio 22, 2003  

No estaré más de cuatro días y seguramente llevará dos hacer arrancar a la moto. Es un sitio que, al no ofrecer nada que hacer, incita a no estarse quieto; como a los planes conocer el escenario, saber que no habrá apenas cambiado desde la última vez (ni desde las anteriores por tanto, y las pequeñas novedades se admiten sin apenas registro, lo que es parecido a negarlas); no esperar nada deviene no tener a qué esperar.
Creo que es ahora cuando (a lomos de la Ossa que compró mi padre en los cincuenta, por algo así como 15000 pesetas) levanto el polvo de los caminos, me golpea el viciado, dulzón perfume de la retama al adentrarme en el pinar y, desde el alto del Cuento, hago a pie el breve descenso hasta la fuente Romana («...cuando llueve, mana») expuesta al ábrego, y que entonces me sabrá a reconocimiento.

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sábado, junio 21, 2003  

«Esta noche, de puro aburrimiento, me he lavado las manos tres veces seguidas.» (Kafka, Diario)


¿Quién pondrá al tiempo en su sitio?

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jueves, junio 19, 2003  

Pange lingua gloriosi...

Día de Corpus. Salir en procesión hoy es una de las pocas extravagancias que se pueden ya cometer y considerar tal. Así que allí estábamos, celebrando la Eucaristía con nuestras identidades relegadas y las miradas... perdidas, que hubiéramos querido transmigradas en pétalo, flor, hoja de buganvilla de sombra sobre nuestras asombradas crismas, mientras cantábamos sola fides sufficit, sólo con la fe basta.

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miércoles, junio 18, 2003  

La solución –única o indeterminada– a un problema, la respuesta a una pregunta son sólo la demostración de su validez, productos finales listos para su consunción y desecho. Lo válido o no, lo reactor, son los enunciados cotidianos, las exigencias y las cadenas. ¡Vivan las cadenas!, clamaban ante Fernando VII quienes, quizás, también lo veían así: la vida como un espectáculo de escapismo.

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martes, junio 17, 2003  

Té flojo

«Acabo de tomar una de las cosas más tristes, una taza de té flojo. Oh, ¿por qué tiene que ser flojo? Qué patético suena, algo más que patético, cuando al servir una taza de té dicen: «Me temo que sea flojo». Uno cree ser un verdadero bruto si abusa de su debilidad antes de que se haya fortalecido. Cojo la taza: parece que el té tiemble, que diga muy bajito: «¡Cobarde!» Reconozco que no puedo nunca, al momento de servir el té, oír a alguien murmurar tímidamente (como si fuera consciente de su vergüenza): «Sí, gracias, demasiado flojo para mí», sin tener deseos de echarme a llorar.»

(Katherine Mansfield, Diario)

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lunes, junio 16, 2003  

Seria dificultad para vencer los puntos muertos del día. Estrepitoso fracaso de otrora eficientes engaños, vaciedad manifiesta del café compartido y del paseo libresco, plenos a su vez de puntos muertos. Conveniente reglaje del motor y enriquecimiento de la mezcla.

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domingo, junio 15, 2003  

«Antes de trabajar denodadamente por la conquista de la banalidad, yo escribía poemas. Lo cierto es que todos escribíamos poemas; escribía poemas hasta el lucero del alba. De puntillas, genuflexos, a gatas, decúbito prono, con boquita de piñón escribíamos poemas. ¿A las estrellas, a la luna, al río Ebro? En absoluto, eso quedaba para la gratuita. ¿A Luisa, a Marisa, a Rosa, a Lisa? Ni hablar, el poema amoroso era considerado franquista. ¿A la caída del Imperio Romano, a una urna ibera, a un obrero en huelga? Esto era lo más detestado. No: lo asombroso, lo fenomenal, es que escribíamos que estábamos escribiendo que escribíamos.» (Félix de Azúa)

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sábado, junio 14, 2003  

Todo el día en el suelo, abajo, hozando estratos superficiales. Largo detenimiento en torno a los aspersores. Nada: conglomerados de ribera, deyecciones de rambla, jóvenes y vulgares. ¿Cómo se puede hacer nada valioso sobre una tierra así? Como leva ignorante de mi noria, vuelta arriba, y abajo, con una periodicidad que dudo impuesta o sobrevenida.

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jueves, junio 12, 2003  

Iba a empezar: Los Cuadernos en octavo kafkianos...
Cómo, con la repetición de la fama, puede el propio nombre disgregarse de su dueño, fundar otra familia y abandonarle: kafkiano, ya casi siempre para referirse a sus epígonos, secuaces y sombras.

Es extraño sin duda no habitar ya la tierra,
(...)
no ser más lo que se era en unas manos infinitamente angustiadas,
y tener que desprenderse aun del propio nombre
como quien arroja, lejos de sí, un juguete roto.


(Rilke, Elegías de Duino)

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Los Cuadernos en octavo de Kafka complementan a su diario, sus cuadernos en cuarto. Los llevaba encima, y en la espontaneidad de las notas se percibe esa circunstancia. Con todo, hay esbozos de algunos de sus mejores relatos y aforismos muy luminosos y hasta sonoros, como el primero:

«Todo hombre lleva dentro una habitación. Se puede comprobar este hecho incluso acústicamente. Cuando alguien anda a paso ligero y se escucha con atención, de noche tal vez, cuando todo está en silencio, se oye por ejemplo el tintineo de un espejo mal afianzado en la pared.»

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miércoles, junio 11, 2003  

Hay libros que son como blogs, sólo que con sustancia. Otros, son como blogs. Leo a Ferlosio: «Prohibido terminantemente, de una vez por todas, que se me cuenten experiencias o sensaciones nuevas». Y presumo, divertido, que él nunca incluiría uno de esos paneles de comentarios ni dejaría el e-mail a mano. A mí, en cambio, pueden contarme lo que quieran. Ya, ya sé que no es lo mismo...

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martes, junio 10, 2003  

Un blog frente a éste y dándole réplica, alejándose cada post un paso. Yo en un ángulo muerto, protegido, único testigo del tedioso duelo. Pero sin poder quitar ojo.

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Empecemos por el tiempo, dado que terminaremos con él.

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lunes, junio 09, 2003  

«La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.
AGAMENÓN.– Conforme.
EL PORQUERO.– No me convence.»

(Juan de Mairena, Antonio Machado)

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domingo, junio 08, 2003  

Spiritum nolite exstinguere

Ha venido. El sofocante, canicular calor de hoy, colándose a bocanadas por la ventanillas en el atasco pentecostal, entre apoyados brazos que rascaban comezones y lamiendo de arriba abajo y con sugerentes turbulencias el mismo sudor que originaba, se anunciaba a sí mismo.
Vino la Paloma a deponer al Paráclito, sus linguales fuegos, ungir de Espíritu Santo los parabrisas.

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sábado, junio 07, 2003  

¿Qué es esto?

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jueves, junio 05, 2003  

El verdadero sentido del envejecimiento
o el placer de desagradar

(5 de junio de 1913)

Kafka recuerda cómo pocos días antes leyó a sus padres su cuento El fogonero: «No hay mejor crítico que yo mientras leo en voz alta ante mi padre, que escucha con suma repugnancia». Y concluye que esa es una de «las íntimas ventajas que las obras literarias mediocres obtienen del hecho de que sus autores aún estén vivos y detrás de ellas.»

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miércoles, junio 04, 2003  

Si navega por la red, a esta hora y en este lugar, es porque desea algo que no tiene, y ese algo, yo, puedo proporcionárselo...

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La implacable mirada de la noche


Un dealer que acecha y asalta. Un paseante convertido en cliente por el desvío de su trayectoria. Deseo y objeto de deseo, valle y cresta de una misma cosa, ignorada e impuesta. Una transacción en los márgenes donde hasta las formas y actitudes –la arrogancia o la humildad– se ceden y toman como armas: el tráfico de las relaciones humanas, «cínicas aunque teñidas de afectividad», es el eje de En la soledad de los campos de algodón, de lo que a Koltès le interesa «entender cuál es el juego de proporciones».

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