jueves, julio 31, 2003  


Envero

Sin una fecha fija, fuimos perdiendo el ansia por ser adultos, y una pelusa rala nos coloreó la tez. Así también enveran los racimos en verano.

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martes, julio 29, 2003  

¿Poética?

Nunca podrás negarla:
de su boca agusanada
comiste salvación

Hoy te ciega su luz,
te aturde el canto
que trae su dicho

De no existir antídoto,
no habríase anunciado
su mordedura

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domingo, julio 27, 2003  

Desde hace tiempo, en todo cuanto ocurre
adviertes una causa, una ley.
Sopesas con minuciosidad
la gravedad de tus actos
y nunca cambiarías
el fino resultado de tus cálculos
por una solución de compromiso.

Técnicamente, dices ser dichoso.

Te salvan, sin saberlo,
el timbre que ahora suena sin cesar,
la copa que no apuras esta noche.

Esta noche que aún dura,
porque has olvidado nuestra cita.

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sábado, julio 26, 2003  

"Los números imaginarios son un excelente y maravilloso refugio del Espíritu Santo, una especie de anfibio entre ser y no ser." Leibnitz


Cuántas veces pensé que obtendría respuestas
de las sombras, que luego emplearía en la luz

Tanto tiempo perdido siguiéndole el rastro
a una especie de anfibio entre ser y no ser

que se refugió en mi espíritu una especie
sigilosa de anfibio entre respuesta y vacío

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viernes, julio 25, 2003  

Si dedicara mi vida al estudio de mi propia felicidad, y pudiera vivir completamente ajeno a esa tarea al mismo tiempo, quizás podría descubrir algún patrón, alguna secuencia que me rija.

Lo que me ha producido placer mil veces, deja de producírmelo la mil y una. Lo que creía que era una especie de sustrato, de condición básica para mi bienestar, se vuelve prescindible de pronto.

Descabalada ciencia misteriosa
nuestra felicidad

Vicente Gallego


Dadme un sentimiento fijo y, con una palanca...

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jueves, julio 24, 2003  

Quod erat demonstrandum

Recupero, al leer el post anterior, a Elizabeth Costello, protagonista de la novela-conferencia de Coetzee Las vidas de los animales, cuando comparaba la Razón con un cubo de Rubik, un juego de ejes (leyes) convenidos y nada más que eso, y así rehusaba arrostrar el discurso histórico racional (Descartes, Kant) que niega alma, consciencia, pensamiento, etcétera a los animales.
Parece tan trivial demostrar, mover pieza (aunque la mala memoria y el abotargamiento mental impida anticipar situaciones que potencialmente ya existen, y sólo a una minoría atisbarlas tras muchos intentos) como fácil y hasta elegante rehusar, seguir con la vida imitando al refranero o a la previsión astral.

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miércoles, julio 23, 2003  



Cees Nooteboom escribe, sin embargo, un prólogo a la historia siguiente en La historia siguiente: la que tendrá que contarse un profesor de latín y ocasional redactor de cutres guías de viaje cuando acaba el suyo (en contárnosla, írnosla contando, viene a decir, consiste la vida); así, mientras la suya ha estado llena de mitos y versos, y con ellos se ha ido explicando un mundo, construyendo el propio, el de la profesora de biología (sí, arquetipos) con que flirtea se compone de hormonas y cifras inestimables. Tan autónomos e inenfrentables que parece insensato preguntar por el más real y el que mejor nos sirve.

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martes, julio 22, 2003  

Ov2Ho3

Se dice: Todo está escrito, desde Ovidio no quedan historias. La originalidad ya no es posible, sólo queda la reescritura y el intertexto (baja solución de Homeros en un plasma intercambiable)... Quizás lo que aún parece un juego, los relatos centonados que propone Landero, sea un prototipo de la mejor literatura que viene, la que sabiéndose incapaz de ampliar su tabla periódica, combina elementos directamente y no los deslíe en un matraz de prosa delicuescente.

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viernes, julio 18, 2003  

Los viejos empiezan a despedirse años antes de su marcha, como en un drama ruso las visitas, y emplean tanto tiempo contándose entre los muertos (desde los primeros decesos (no accidentales) de su generación y los últimos que dejan a la anterior sin representación) que acaban por no equivocarse. Lo mismo que algunos pueblos: la herrumbre de sus puertas, la claudicación de los tejados, los arcaísmos del habla y el extrañamiento del mundo... son su despedida, en sus piedras habla una sociedad periclitada, residuo amable (polvo al polvo, casas y hombres) de la revertebración territorial. Se enterrarán a sí mismos si nadie atiende antes la solicitud de sus calles, cerradas de hierba alta y seca desde que la mesta no las recorre.

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jueves, julio 17, 2003  

Tras las caricias previas debidas por dos años de abandono (limpieza de bujía y tubos, vaso de gasolina en el carburador), la Ossa arrancó a la cuarta pedalada, ahumando hasta convertir el corral en un bar de carreteros. Su explosión en perfecto binario, como recién reglada. Tememos por el estado de las cubiertas, por lo que no apuramos la frenada ni los virajes. Me explica mi padre que es la versión Luxe, que a diferencia de la básica traía suspensión regulable y tapa para la cadena. Y 160 c.c. tiran del mítico trébol.

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miércoles, julio 02, 2003  

«Cuando recuerdo aquel tiempo final de estudiante en la casa materna más que la desgana y la indiferencia, convengo en que lo que mi mediocre triunfo me proporcionó con más satisfacción fue la indiscutida capacidad para aguantar imperturbable la mirada de mi tía Juana cuando, por la mañana, entraba en mi habitación a despertarme, clavándome sus ojos pequeños y negros como las cabezas de sus agujas de tejer:
– Calamidad, nunca llegarás a nada.» (Juan Benet)

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martes, julio 01, 2003  

«En los pueblos, todo el mundo se conoce más o menos. Y así, a las molestias personales de la vida, se añaden las que produce la presencia de la otra gente, con sus inagotables fantasías. De repente, uno ve aparecer, en la calle, sucesivamente, a los individuos de una familia vestida de luto, cubiertos de telas de un color de ala de cuervo. Estas apariciones, sobre todo ahora en verano, en la luz blanca, deslumbrante, frenética del verano, producen una sorpresa que molesta.» (Josep Pla)

Seguramente me libraré de entierros (ahora los viejos tienen faena en los huertos y no están para misas), pero no del repaso, de noche en la sentina, con el relente del río, a los caídos en los últimos dos años casa a casa, de extremo a extremo del pueblo y no exentos los idos, con días o años de antelación, a morir a alguna capital. Los que quedan no consienten ser los únicos testigos del fin y comparten con los pocos veraneantes la tristeza de sus inviernos. Es su particular impuesto, equivalente a la ecotasa balear.

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