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martes, febrero 24, 2015 «Espérate, Platero... O pace un rato en ese prado tierno, si lo prefieres. Pero déjame ver a mí este remanso bello, que no veo hace tantos años... Mira cómo el sol, pasando su agua espesa, le alumbra la honda belleza verderoro» posted by Krapp sábado, febrero 21, 2015 Mañana fría y limpia, en sus horas centrales el tiempo se tensa como una piel musical. El motor de una furgoneta irrumpe y se extingue, y una persiana se levanta luego de amargo sueño. Entre uno y otro, tiempo callado, incontable... cancelado. El espíritu con el que comenzó el paseo se desvanece: perdida la conexión con la realidad, el mundo es un revoltijo de cosas que flotan en el vacío de una calle solitaria. Avanzo sin determinación, como si me hubiese colado en el patio de una casa cuyos habitantes han acudido a un desfile. posted by Krapp domingo, febrero 15, 2015 ¡Pues ya me van sonando caras en este pueblo! Uno deja de ser un recién llegado en algún momento -si bien indefinido y a veces dilatado- pero no un forastero. De fuera no se deja de ser casi nunca, aunque la palabra forastero ya no nos parezca forastera fuera del catalán, de donde acabo de saber que proviene. Pero las palabras, salvo excepciones, viven más años y echan raíces, aunque también puedan verse sometidas a un periodo de recelo y extrañeza. El hombre es más forastero que la palabra, de manera que ésta ejerce casi de lugareño, presentándole (señalándole). No quiero censurar toda precaución que se tome con el forastero: mientras las nuevas palabras hablan y significan, y podemos enfrentarles las antiguas, el forastero nos observa y juzga sin pronunciarse, y todos sabemos que no hay explicación posible para ciertas cosas si no se es de aquí. Por supuesto, todo es ridículo porque nadie viene ni se queda, nos cruzamos azarosamente y nos separamos para siempre. posted by Krapp Desde el piso más alto, la mirada recuerda ciertos hábitos de juventud: cuando desde la copa del árbol celaba el león, desde la torre vigía maliciaba cada destello marino o desde la atalaya esperaba el aviso apremiante. Así, asomarse desde el piso más alto (da igual que sea un cuarto o un ochenta y ocho) no es un placer tan distendido como hacerlo desde un piso más bajo (con nuestros ojos tranquilos, mansos, emisarios amistosos de saludos al paisaje y atrofiados para percibir sus respuestas llenas de amenazas). posted by Krapp e-mail | ... |